ETICA, PODER HUMANO
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MARIO ARBELAEZ OLARTE
 
ETICA, PODER HUMANO

Etica
Índice:
1. Introducción
2. Principios Éticos

3. Prudencia, Placer o Poder
4. Historia
5. La temprana Ética Griega
6. Escuelas Griegas de Ética
7. Estoicismo
8. Epicureismo
9. Ética Cristiana
10. Ética de los Padres de la Iglesia

11. Ética y Penitencia
12. Ética después de la reforma
13. Filosofías Éticas Seculares
13.1 Las leyes de Newton
13.2 Filosofías éticas anteriores al darwinismo
13.3 Utilitarismo
13.4 Ética hegeliana
13.5 Ética a partir de Darwin
14. Psicoanálisis y conductismo
15. Tendencias Recientes
16. Bibliografía
1.Introducción Ética (del griego ethika, de ethos, ‘comportamiento’, ‘costumbre’), principios o pautas de la conducta humana, a menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores, ‘costumbre’) y por extensión, el estudio de esos principios a veces llamado filosofía moral. Este artículo se ocupa de la ética sobre todo en este último sentido y se concreta al ámbito de la civilización occidental, aunque cada cultura ha desarrollado un modelo ético propio.

La ética, como una rama de la filosofía, está considerada como una ciencia normativa, porque se ocupa de las normas de la conducta humana, y para distinguirse de las ciencias formales, como las matemáticas y la lógica, y de las ciencias empíricas, como la química y la física. Las ciencias empíricas sociales, sin embargo, incluyendo la psicología, chocan en algunos puntos con los intereses de la ética ya que ambas estudian la conducta social. Por ejemplo, las ciencias sociales a menudo procuran determinar la relación entre principios éticos particulares y la conducta social, e investigar las condiciones culturales que contribuyen a la formación de esos principios.

2.Principios Éticos
Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta de acuerdo con dos principios fundamentales y han considerado algunos tipos de conducta buenos en sí mismos o buenos porque se adaptan a un modelo moral concreto. El primero implica un valor final o summum bonum, deseable en sí mismo y no sólo como un medio para alcanzar un fin. En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales, cada uno de los cuales ha sido propuesto por varios grupos o individuos como el bien más elevado: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la obligación y la perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas. Dependiendo del marco social, la autoridad invocada para una buena conducta es la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio de la razón. Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los mandamientos divinos o a los textos bíblicos supone la pauta de conducta aceptada. Si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta es la conformidad con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se espera que la conducta moral resulte del pensamiento racional.

3.Prudencia, Placer O Poder
Algunas veces los principios elegidos no tienen especificado su valor último, en la creencia de que tal determinación es imposible. Esa filosofía ética iguala la satisfacción en la vida con prudencia, placer o poder, pero se deduce ante todo de la creencia en la doctrina ética de la realización natural humana como el bien último.

Una persona que carece de motivación para tener una preferencia puede resignarse a aceptar todas las costumbres y por ello puede elaborar una filosofía de la prudencia. Esa persona vive, de esta forma, de conformidad con la conducta moral de la época y de la sociedad.

El hedonismo es la filosofía que enseña que el bien más elevado es el placer. El hedonista tiene que decidir entre los placeres más duraderos y los placeres más intensos, si los placeres presentes tienen que ser negados en nombre de un bienestar global y si los placeres mentales son preferibles a los placeres físicos.

Una filosofía en la que el logro más elevado es el poder puede ser resultado de una competición. Como cada victoria tiende a elevar el nivel de la competición, el final lógico de una filosofía semejante es un poder ilimitado o absoluto. Los que buscan el poder pueden no aceptar las reglas éticas marcadas por la costumbre y, en cambio, conformar otras normas y regirse por otros criterios que les ayuden a obtener el triunfo. Pueden intentar convencer a los demás de que son morales en el sentido aceptado del término, para enmascarar sus deseos de conseguir poder y tener la recompensa habitual de la moralidad.

4.Historia
Desde que los hombres viven en comunidad, la regulación moral de la conducta ha sido necesaria para el bienestar colectivo. Aunque los distintos sistemas morales se establecían sobre pautas arbitrarias de conducta, evolucionaron a veces de forma irracional, a partir de que se violaran los tabúes religiosos o de conductas que primero fueron hábito y luego costumbre, o asimismo de leyes impuestas por líderes para prevenir desequilibrios en el seno de la tribu. Incluso las grandes civilizaciones clásicas egipcia y sumeria desarrollaron éticas no sistematizadas, cuyas máximas y preceptos eran impuestos por líderes seculares como Ptahhotep, y estaban mezclados con una religión estricta que afectaba a la conducta de cada egipcio o cada sumerio. En la China clásica las máximas de Confucio fueron aceptadas como código moral. Los filósofos griegos, desde el siglo VI a.C. en adelante, teorizaron mucho sobre la conducta moral, lo que llevó al posterior desarrollo de la ética como una filosofía.

5. La Temprana Etica Griega
En el siglo VI a.C. el filósofo heleno Pitágoras desarrolló una de las primeras reflexiones morales a partir de la misteriosa religión griega del orfismo. En la creencia de que la naturaleza intelectual es superior a la naturaleza sensual y que la mejor vida es la que está dedicada a la disciplina mental, fundó una orden semirreligiosa con leyes que hacían hincapié en la sencillez en el hablar, el vestir y el comer. Sus miembros ejecutaban ritos que estaban destinados a demostrar sus creencias religiosas.

En el siglo V a.C. los filósofos griegos conocidos como sofistas, que enseñaron retórica, lógica y gestión de los asuntos públicos, se mostraron escépticos en lo relativo a sistemas morales absolutos. El sofista Protágoras enseñó que el juicio humano es subjetivo y que la percepción de cada uno sólo es válida para uno mismo. Gorgias llegó incluso al extremo de afirmar que nada existe, pues si algo existiera los seres humanos no podrían conocerlo; y que si llegaban a conocerlo no podrían comunicar ese conocimiento. Otros sofistas, como Trasímaco, creían que la fuerza hace el derecho. Sócrates se opuso a los sofistas. Su posición filosófica, representada en los diálogos de su discípulo Platón, puede resumirse de la siguiente manera: la virtud es conocimiento; la gente será virtuosa si sabe lo que es la virtud, y el vicio, o el mal, es fruto de la ignorancia. Así, según Sócrates, la educación como aquello que constituye la virtud puede conseguir que la gente sea y actúe conforme a la moral.

6.Escuelas Griegas De Ética
La mayoría de las escuelas de filosofía moral griegas posteriores surgieron de las enseñanzas de Sócrates. Cuatro de estas escuelas fueron creadas por sus discípulos inmediatos: los cínicos, los cirenaicos, los megáricos (escuela fundada por Euclides de Megara) y los platónicos.

Los cínicos, en especial el filósofo Antístenes, afirmaban que la esencia de la virtud, el bien único, es el autocontrol, y que esto se puede inculcar. Los cínicos despreciaban el placer, que consideraban el mal si era aceptado como una guía de conducta. Juzgaban todo orgullo como un vicio, incluyendo el orgullo en la apariencia, o limpieza. Se cuenta que Sócrates dijo a Antístenes: "Puedo ver tu orgullo a través de los agujeros de tu capa".

Los cirenaicos, sobre todo Aristipo de Cirene, eran hedonistas y creían que el placer era el bien mayor (en tanto en cuanto no dominara la vida de cada uno), que ningún tipo de placer es superior a otro y, por ello, que sólo es mensurable en grado y duración.

Los megáricos, seguidores de Euclides, propusieron que aunque el bien puede ser llamado sabiduría, Dios o razón, es ‘uno’ y que el Bien es el secreto final del Universo que sólo puede ser revelado mediante el estudio lógico.

Según Platón, el bien es un elemento esencial de la realidad. El mal no existe en sí mismo, sino como reflejo imperfecto de lo real, que es el bien. En sus Diálogos (primera mitad del siglo IV a.C.) mantiene que la virtud humana descansa en la aptitud de una persona para llevar a cabo su propia función en el mundo. El alma humana está compuesta por tres elementos —el intelecto, la voluntad y la emoción— cada uno de los cuales posee una virtud específica en la persona buena y juega un papel específico. La virtud del intelecto es la sabiduría, o el conocimiento de los fines de la vida; la de la voluntad es el valor, la capacidad de actuar, y la de las emociones es la templanza, o el autocontrol.

La virtud última, la justicia, es la relación armoniosa entre todas las demás, cuando cada parte del alma cumple su tarea apropiada y guarda el lugar que le corresponde. Platón mantenía que el intelecto ha de ser el soberano, la voluntad figuraría en segundo lugar y las emociones en el tercer estrato, sujetas al intelecto y a la voluntad. La persona justa, cuya vida está guiada por este orden, es por lo tanto una persona buena. Aristóteles, discípulo de Platón, consideraba la felicidad como la meta de la vida. En su principal obra sobre esta materia, Ética a Nicómaco (finales del siglo IV a.C.), definió la felicidad como una actividad que concuerda con la naturaleza específica de la humanidad; el placer acompaña a esta actividad pero no es su fin primordial. La felicidad resulta del único atributo humano de la razón, y funciona en armonía con las facultades humanas. Aristóteles mantenía que las virtudes son en esencia un conjunto de buenos hábitos y que para alcanzar la felicidad una persona ha de desarrollar dos tipos de hábitos: los de la actividad mental, como el del conocimiento, que conduce a la más alta actividad humana, la contemplación, y aquéllos de la emoción práctica y la emoción, como el valor. Las virtudes morales son hábitos de acción que se ajustan al término medio, el principio de moderación, y han de ser flexibles debido a las diferencias entre la gente y a otros factores condicionantes. Por ejemplo, lo que uno puede comer depende del tamaño, la edad y la ocupación. En general, Aristóteles define el término medio como el estado virtuoso entre los dos extremos de exceso e insuficiencia; así, la generosidad, una virtud, es el punto medio entre el despilfarro y la tacañería. Para Aristóteles, las virtudes intelectuales y morales son sólo medios destinados a la consecución de la felicidad, que es el resultado de la plena realización del potencial humano.

7.Estoicismo
La filosofía del estoicismo se desarrolló en torno al 300 a.C. durante los periodos helenístico y romano. En Grecia los principales filósofos estoicos fueron Zenón de Citio, Cleantes y Crisipo de Soles. En Roma el estoicismo resultó ser la más popular de las filosofías griegas y Cicerón fue, entre los romanos ilustres, uno de los que cayó bajo su influencia. Sus principales representantes durante el periodo romano fueron el filósofo griego Epicteto y el emperador y pensador romano Marco Aurelio. Según los estoicos, la naturaleza es ordenada y racional, y sólo puede ser buena una vida llevada en armonía con la naturaleza. Los filósofos estoicos, sin embargo, también se mostraban de acuerdo en que como la vida está influenciada por circunstancias materiales el individuo tendría que intentar ser todo lo independiente posible de tales condicionamientos. La práctica de algunas virtudes cardinales, como la prudencia, el valor, la templanza y la justicia, permite alcanzar la independencia conforme el espíritu del lema de los estoicos, "Aguanta y renuncia". De ahí, que la palabra estoico haya llegado a significar fortaleza frente a la dificultad.
8.Epicureísmo
En los siglos IV y III a.C., el filósofo griego Epicuro desarrolló un sistema de pensamiento, más tarde llamado epicureísmo, que identificaba la bondad más elevada con el placer, sobre todo el placer intelectual y, al igual que el estoicismo, abogó por una vida moderada, incluso ascética, dedicada a la contemplación. El principal exponente romano del epicureísmo fue el poeta y filósofo Lucrecio, cuyo poema De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), escrito hacia la mitad del siglo I a.C., combinaba algunas ideas derivadas de las doctrinas cosmológicas del filósofo griego Demócrito con otras derivadas de la ética de Epicuro. Los epicúreos buscaban alcanzar el placer manteniendo un estado de serenidad, es decir, eliminando todas las preocupaciones de carácter emocional. Consideraban las creencias y prácticas religiosas perniciosas porque preocupaban al individuo con pensamientos perturbadores sobre la muerte y la incertidumbre de la vida después de ese tránsito. Los epicúreos mantenían también que es mejor posponer el placer inmediato con el objeto de alcanzar una satisfacción más segura y duradera en el futuro; por lo tanto, insistieron en que la vida buena lo es en cuanto se halla regulada por la autodisciplina.

9.Ética Cristiana
Los modelos éticos de la edad clásica fueron aplicados a las clases dominantes, en especial en Grecia. Las mismas normas no se extendieron a los no griegos, que eran llamados barbaroi (bárbaros), un término que adquirió connotaciones peyorativas. En cuanto a los esclavos, la actitud hacia los mismos puede resumirse en la calificación de ‘herramientas vivas’ que le aplicó Aristóteles. En parte debido a estas razones, y una vez que decayeron las religiones paganas, las filosofías contemporáneas no consiguieron ningún refrendo popular y gran parte del atractivo del cristianismo se explica por la extensión de la ciudadanía moral a todos, incluso a los esclavos.

El advenimiento del cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en el pensamiento occidental. Según la idea cristiana una persona es dependiente por entero de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. La primera idea ética cristiana descansa en la regla de oro: "Lo que quieras que los hombres te hagan a ti, házselo a ellos" (Mt. 7,12); en el mandato de amar al prójimo como a uno mismo (Lev. 19,18) e incluso a los enemigos (Mt. 5,44), y en las palabras de Jesús: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt. 22,21). Jesús creía que el principal significado de la ley judía descansa en el mandamiento "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo" (Lc. 10,27).

El cristianismo primigenio realzó como virtudes el ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no erótico, que los filósofos clásicos de Grecia y Roma apenas habían considerado importantes.

10.Ética De Los Padres De La Iglesia
Uno de los puntos fuertes de la ética cristiana fue la oposicin al maniqueísmo, una religión de origen persa que mantenía que el bien y el mal (la luz y la sombra) eran fuerzas opuestas que luchaban por el dominio absoluto. El maniqueísmo tuvo mucha aceptación en los siglos III y IV d.C. San Agustín, considerado como el fundador de la teología cristiana, fue maniqueo en su juventud pero abandonó este credo después de recibir la influencia del pensamiento de Platón. Tras su conversión al cristianismo en el 387, intentó integrar la noción platónica con el concepto cristiano de la bondad como un atributo de Dios, y el pecado como la caída de Adán, de cuya culpa una persona está redimida por la gracia de Dios. La creencia maniqueísta en el diablo persistió, sin embargo, como se puede ver en la convicción de san Agustín en la maldad intrínseca de la naturaleza humana. Esta actitud pudo reflejar su propio sentido de culpabilidad, por los excesos que había cometido en la adolescencia y puede justificar el énfasis que puso la primera doctrina moral cristiana sobre la castidad y el celibato.

Durante la edad media tardía, los trabajos de Aristóteles, a los que se pudo acceder a través de los textos y comentarios preparados por estudiosos árabes, tuvieron una fuerte influencia en el pensamiento europeo. Al resaltar el conocimiento empírico en comparación con la revelación, el aristotelismo amenazaba la autoridad intelectual de la Iglesia. El teólogo cristiano santo Tomás de Aquino consiguió, sin embargo, armonizar el aristotelismo con la autoridad católica al admitir la verdad del sentido de la experiencia pero manteniendo que ésta completa la verdad de la fe. La gran autoridad intelectual de Aristóteles se puso así al servicio de la autoridad de la Iglesia, y la lógica aristotélica acabó por apoyar los conceptos agustinos del pecado original y de la redención por medio de la gracia divina. Esta síntesis representa la esencia de la mayor obra de Tomás de Aquino, Summa Theologiae (1265-1273).

11.Ética Y Penitencia
Conforme la Iglesia medieval se hizo más poderosa, se desarrolló un modelo de ética que aportaba el castigo para el pecado y la recompensa de la inmortalidad para premiar la virtud. Las virtudes más importantes eran la humildad, la continencia, la benevolencia y la obediencia; la espiritualidad, o la bondad de espíritu, era indispensable para la moral. Todas las acciones, tanto las buenas como las malas, fueron clasificadas por la Iglesia y se instauró un sistema de penitencia temporal como expiación de los pecados.

Las creencias éticas de la Iglesia medieval fueron recogidas en literatura en la Divina Comedia de Dante, que estaba influenciada por las filosofías de Platón, Aristóteles y santo Tomás de Aquino. En la sección de la Divina Comedia titulada ‘Infierno’, Dante clasifica el pecado bajo tres grandes epígrafes, cada uno de los cuales tenía más subdivisiones. En un orden creciente de pecado colocó los pecados de incontinencia (sensuales o emocionales), de violencia o brutalidad (de la voluntad), y de fraude o malicia (del intelecto). Las tres facultades del alma de Platón son repetidas así en su orden jerárquico original, y los pecados son considerados como perversiones de una u otra de las tres facultades.

12.Ética Después De La Reforma
La influencia de las creencias y prácticas éticas cristianas disminuyó durante el renacimiento. La Reforma protestante provocó un retorno general a los principios básicos dentro de la tradición cristiana, cambiando el énfasis puesto en algunas ideas e introduciendo otras nuevas. Según Martín Lutero, la bondad de espíritu es la esencia de la piedad cristiana. Al cristiano se le exige una conducta moral o la realización de actos buenos, pero la justificación, o la salvación, viene sólo por la fe. El propio Lutero había contraído matrimonio y el celibato dejó de ser obligatorio para el clero protestante.

El teólogo protestante francés y reformista religioso Juan Calvino aceptó la doctrina teológica de que la salvación se obtiene sólo por la fe y mantuvo también la doctrina agustina del pecado original. Los puritanos eran calvinistas y se adhirieron a la defensa que hizo Calvino de la sobriedad, la diligencia, el ahorro y la ausencia de ostentación; para ellos la contemplación era holgazanería y la pobreza era o bien castigo por el pecado o bien la evidencia de que no se estaba en gracia de Dios. Los puritanos creían que sólo los elegidos podrían alcanzar la salvación. Se consideraban a sí mismos elegidos, pero no podían estar seguros de ello hasta que no hubieran recibido una señal. Creían que su modo de vida era correcto en un plano ético y que ello comportaba la prosperidad mundana. La prosperidad fue aceptada pues como la señal que esperaban. La bondad se asoció a la riqueza y la pobreza al mal. No lograr el éxito en la profesión de cada uno pareció ser un signo claro de que la aprobación de Dios había sido negada. La conducta que una vez se pensó llevaría a la santidad, llevó a los descendientes de los puritanos a la riqueza material.

En general, durante la Reforma la responsabilidad individual se consideró más importante que la obediencia a la autoridad o a la tradición. Este cambio, que de una forma indirecta provocó el desarrollo de la ética secular moderna, se puede apreciar en De iure belli et pacis (La ley de la guerra y la paz, 1625) realizado por el jurista, teólogo y estadista holandés Hugo Grocio. Aunque esta obra apoya algunas de las doctrinas de santo Tomás de Aquino, se centra más en las obligaciones políticas y civiles de la gente dentro del espíritu de la ley romana clásica. Grocio afirmaba que la ley natural es parte de la ley divina y se funda en la naturaleza humana, que muestra un deseo por lograr la asociación pacífica con los demás y una tendencia a seguir los principios generales en la conducta. Por ello, la sociedad está basada de un modo armónico en la ley natural.

13.Filosofías Éticas Seculares
En el Leviatán (1651), el filósofo inglés Thomas Hobbes atribuye la mayor importancia a la sociedad organizada y al poder político. Afirmaba que la vida humana en el "estado de naturaleza" (independiente de o anterior a, la institución del estado civil) es "solitaria, pobre, sucia, violenta y corta" y que es "una guerra de todos contra todos". En consecuencia, la gente busca seguridad participando en un contrato social en el que el poder original de cada persona se cede a un soberano que, a su vez, regula la conducta.

Esta postura conservadora en política asume que los seres humanos son malos y precisan un Estado fuerte para reprimirlos. No obstante, Hobbes afirmaba que si un soberano no da seguridad y orden y es derrocado por sus súbditos, la sociedad vuelve al estado de naturaleza y puede comprometerse en un nuevo contrato. La doctrina de Hobbes relativa al estado y al contrato social marcó el pensamiento del filósofo inglés John Locke. En sus dos Tratados sobre el gobierno civil (1690) Locke mantenía, sin embargo, que el fin del contrato social es limitar el poder absoluto de la autoridad y, como contrapeso, promover la libertad individual.

La razón humana es el criterio para una conducta recta en el modelo elaborado por el filósofo holandés Baruch Spinoza. En su obra más importante, Ética (1677), Spinoza afirmaba que la ética se deduce de la psicología y la psicología de la metafísica. Sostenía que todas las cosas son neutras en el orden moral desde el punto de vista de la eternidad; sólo las necesidades e intereses humanos determinan lo que se considera bueno o malo, el bien y el mal. Todo lo que contribuye al conocimiento de la naturaleza del ser humano o se halla en consonancia con la razón humana está prefigurado como bueno. Por ello, cabe suponer que todo lo que la gente tiene en común es lo mejor para cada uno, lo bueno que la gente busca para los demás es lo bueno que desea para sí misma. Además, la razón es necesaria para refrenar las pasiones y alcanzar el placer y la felicidad evitando el sufrimiento. El estado humano más elevado, según Spinoza, es el "amor intelectual de Dios" que viene dado por el conocimiento intuitivo, una facultad mayor que la razón ordinaria. Con el uso adecuado de esta propiedad, una persona puede contemplar la totalidad del universo mental y físico y considerar que éste engloba una sustancia infinita que Spinoza denomina Dios sin disociarlo del mundo.

13.1. Las leyes de Newton La mayoría de los grandes descubrimientos científicos han afectado a la ética. Los descubrimientos de Isaac Newton, el filósofo científico inglés del siglo XVII, aportaron uno de los primeros y más claros ejemplos de esta influencia. Las leyes de Newton se consideraron como prueba de un orden divino racional. La opinión contemporánea al respecto fue expresada por el poeta inglés Alexander Pope en el verso "Dios dijo: ¡dejad en paz a Newton!, y se hizo la luz". Los hallazgos e hipótesis de Newton provocaron que los filósofos tuvieran confianza en un modelo ético tan racional y ordenado como se suponía que era la naturaleza.

13.2. Filosofías éticas anteriores al darwinismo Durante el siglo XVIII, los filósofos británicos David Hume, en Ensayos morales y políticos (1741-1742), y Adam Smith, autor de la teoría económica del laissez-faire, en su Teoría de los sentimientos morales (1759), formularon modelos éticos del mismo modo subjetivos. Identificaron lo bueno con aquello que produce sentimientos de satisfacción y lo malo con lo que provoca dolor. Según Hume y Smith, las ideas de moral e interés público provocan sentimientos de simpatía entre personas que tienden las unas hacia las otras incluso cuando no están unidas por lazos de parentesco u otros lazos directos.

El filósofo y novelista francés Jean-Jacques Rousseau, en su Contrato social (1762), aceptó la teoría de Hobbes de una sociedad regida por las cláusulas de un contrato social. En su novela Emilio o la educación (1762) y en otras obras, sin embargo, atribuía el mal ético a las inadaptaciones sociales y mantuvo que los humanos eran buenos por naturaleza. El anarquista, filósofo, novelista y economista político británico William Godwin llevó esta convicción hasta su extremo lógico en su Ensayo sobre la justicia política (1793), que rechazaba todas las instituciones sociales, incluidas las del Estado, sobre la base de que su simple existencia constituye la fuente del mal.

Una mayor aportación a la ética fue hecha a finales del siglo XVIII por el filósofo alemán Immanuel Kant en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Según Kant, no importa con cuánta inteligencia actúe el individuo, los resultados de las acciones humanas están sujetos a accidentes y circunstancias; por lo tanto, la moralidad de un acto no tiene que ser juzgada por sus consecuencias sino sólo por su motivación ética. Sólo en la intención radica lo bueno, ya que es la que hace que una persona obre, no a partir de la inclinación, sino desde la obligación, que está basada en un principio general que es el bien en sí mismo. Como principio moral último, Kant volvió a plantear el término medio en una forma lógica: "Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza". Esta regla es denominada imperativo categórico, porque es general y a la vez encierra un mandato. Kant insistió en que uno ha de tratar a los demás como si fueran "en cada caso un fin, y nunca sólo un medio".

13.3. Utilitarismo La doctrina ética y política conocida como utilitarismo fue formulada por el británico Jeremy Bentham hacia finales del siglo XVIII y más tarde comentada por el también filósofo y británico James Mill y su hijo John Stuart Mill. En su Introducción a los principios de la moral y la legislación (1789), Bentham explicó el principio de utilidad como el medio para contribuir al aumento de la felicidad de la comunidad. Creía que todas las acciones humanas están motivadas por un deseo de obtener placer y evitar el sufrimiento. Al ser el utilitarismo un hedonismo universal, y no un hedonismo egoísta como podría interpretarse el epicureísmo, su bien más elevado consiste en alcanzar la mayor felicidad para el mayor número de personas.

13.4. Ética hegeliana En La filosofía del Derecho (1821), el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel aceptó el imperativo categórico de Kant, pero lo enmarcó en una teoría universal evolutiva donde toda la historia está contemplada como una serie de etapas encaminadas a la manifestación de una realidad fundamental que es tanto espiritual como racional. La moral, según Hegel, no es el resultado de un contrato social, sino un crecimiento natural que surge en la familia y culmina, en un plano histórico y político, en el Estado prusiano de su tiempo. "La historia del mundo, escribió, es disciplinar la voluntad natural incontrolada, llevarla a la obediencia de un principio universal y facilitar una libertad subjetiva".

El filósofo y teólogo danés Sören Kierkegaard reaccionó con fuerza en contra del modelo de Hegel. En O lo Uno o lo Otro (1843), Kierkegaard manifestó su mayor preocupación ética, el problema de la elección. Creía que modelos filosóficos como el de Hegel ocultan este problema crucial al presentarlo como un asunto objetivo con una solución universal, en vez de un asunto subjetivo al que cada persona tiene que enfrentarse de manera individual. La propia elección de Kierkegaard fue vivir sometido a la ética cristiana. Su énfasis en la necesidad de la elección tuvo influencia en algunos filósofos relacionados con el movimiento conocido como existencialismo, tanto como con algunos filósofos críticos, cristianos y judíos.

13.5. Ética a partir de Darwin El desarrollo científico que más afectó a la ética después de Newton fue la teoría de la evolución presentada por Charles Darwin. Los hallazgos de Darwin facilitaron soporte documental al modelo, algunas veces denominado ética evolutiva, término aportado por el filósofo británico Herbert Spencer, según el cual la moral es sólo el resultado de algunos hábitos adquiridos por la humanidad a lo largo de la evolución. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche dio una explicación asombrosa pero lógica de la tesis darwinista acerca de que la selección natural es una ley básica de la naturaleza. Según Nietzsche, la llamada conducta moral es necesaria tan sólo para el débil. La conducta moral —en particular la defendida por el judeocristianismo, que según él es una doctrina esclava— tiende a permitir que el débil impida la autorrealización del fuerte. De acuerdo con Nietzsche, toda acción tendría que estar orientada al desarrollo del individuo superior, su famoso Übermensch (‘superhombre’), que será capaz de realizar y cumplir la más nobles posibilidades de la existencia. Nietzsche encontró que este ser ideal quedaba ejemplificado en los filósofos griegos clásicos anteriores a Platón y en jefes militares como Julio César y Napoleón.

En oposición al concepto de lucha despiadada e incesante como fundamento de la ley rectora de la naturaleza, el anarquista y filósofo ruso Piotr Alexéievich, príncipe Kropotkin, entre otros, presentó estudios de conducta animal en la naturaleza demostrando que existía la ayuda mutua. Kropotkin afirmó que la supervivencia de las especies se mantiene a través de la ayuda mutua y que los humanos han alcanzado la primacía entre los animales a lo largo de la evolución de las especies mediante su capacidad para la asociación y la cooperación. Kropotkin expuso sus ideas en una serie de trabajos, entre ellos Ayuda mutua, un factor en la evolución (1890-1902) y Ética, origen y desarrollo (publicado después de su muerte en 1924). En la creencia de que los gobiernos se basan en la fuerza y que si son eliminados el instinto de cooperación de la gente llevaría de forma espontánea hacia la implantación natural de un orden cooperativo, Kropotkin defendió el anarquismo.

Los antropólogos han aplicado los principios evolutivos al estudio de las sociedades y las culturas humanas. Estos análisis han vuelto a subrayar los distintos conceptos del bien y del mal planteados por diferentes sociedades; por lo tanto, se creía que la mayoría de esos conceptos tenía un valor más relativo que universal. De entre los conceptos éticos basados en un enfoque antropológico resaltan los del antropólogo finlandés Edvard A. Westermarck en Relatividad ética (1932).

14.Psicoanálisis Y Conductismo
La ética moderna está muy influida por el psicoanálisis de Sigmund Freud y sus seguidores y las doctrinas conductistas basadas en los descubrimientos sobre estímulo-respuesta del fisiólogo ruso Iván Petróvich Pávlov. Freud atribuyó el problema del bien y del mal en cada individuo a la lucha entre el impulso del yo instintivo para satisfacer todos sus deseos y la necesidad del yo social de controlar o reprimir la mayoría de esos impulsos con el fin de que el individuo actúe dentro de la sociedad. A pesar de que la influencia de Freud no ha sido asimilada por completo en el conjunto del pensamiento ético, la psicología freudiana ha mostrado que la culpa, respondiendo a motivaciones de naturaleza sexual, subyace en el pensamiento clásico que dilucida sobre el bien y el mal.

El conductismo, a través de la observación de los comportamientos animales, formuló una teoría según la cual la naturaleza humana podía ser variada, creando una serie de estímulos que facilitaran circunstancias favorables para respuestas sociales condicionadas. En la década de 1920 el conductismo fue aceptado en Estados Unidos, en especial en teorías de pediatras, aprendizaje infantil y educación en general. Tuvo su mayor influencia, sin embargo, en el pensamiento de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Allí, el llamado nuevo ciudadano soviético fue instruido de acuerdo con los principios conductistas a través del condicionante poder de la rígida y controlada sociedad soviética. La ética soviética definía lo bueno como todo aquello beneficioso para el Estado y lo malo como aquello que se le oponía o lo cuestionaba.

En sus escritos de finales del siglo XIX y principios del XX, el filósofo y psicólogo estadounidense William James abordó algunos de los puntos centrales y característicos en las interpretaciones de Freud y Pávlov. James es más conocido como el fundador del pragmatismo, que defiende que el valor de las ideas está determinado por sus consecuencias. Su mayor contribución a la teoría ética, no obstante, descansa en su insistencia al valorar la importancia de las interrelaciones, tanto en las ideas como en otros fenómenos.

15.Tendencias Recientes
El filósofo británico Bertrand Russell marcó un cambio de rumbo en el pensamiento ético de las últimas décadas. Muy crítico con la moral convencional, reivindicó la idea de que los juicios morales expresan deseos individuales o hábitos aceptados. En su pensamiento, tanto el santo ascético como el sabio independiente son pobres modelos humanos porque ambos son individuos incompletos. Los seres humanos completos participan en plenitud de la vida de la sociedad y expresan todo lo que concierne a su naturaleza. Algunos impulsos tienen que ser reprimidos en interés de la sociedad y otros en interés del desarrollo del individuo, pero el crecimiento natural ininterrumpido y la autorrealización de una persona son los factores que convierten una existencia en buena y una sociedad en una convivencia armoniosa.

Varios filósofos del siglo XX, algunos de los cuales han asumido las teorías del existencialismo, se han interesado por el problema de la elección ética individual lanzada por Kierkegaard y Nietzsche. La orientación de algunos de estos pensadores es religiosa, como la del filósofo ruso Nikolái Alexándrovich Berdiáiev, que subrayó la libertad del espíritu individual; la del filósofo austro-judío Martin Buber, que se ocupó de la moral de las relaciones entre individuos; la del teólogo protestante germano-estadounidense Paul Tillich, que resaltó el valor de ser uno mismo, y la del filósofo y dramaturgo católico francés Gabriel Marcel y el filósofo y psiquiatra protestante alemán Karl Jaspers, ambos interesados en la unicidad del individuo y la importancia de la comunicación entre los individuos. Una tendencia distinta en el pensamiento ético moderno caracteriza los escritos de los filósofos franceses Jacques Maritain y Étienne Gilson, que siguieron la línea marcada por santo Tomás de Aquino. Según Maritain, "el existencialismo verdadero" pertenece a esta tradición cristiana.

Otros filósofos modernos no aceptan ninguna de las religiones tradicionales. El filósofo alemán Martin Heidegger mantenía que no existe ningún Dios, aunque alguno puede surgir en el futuro. Los seres humanos, por lo tanto, se hallan solos en el Universo y tienen que adoptar y asumir sus decisiones éticas en la conciencia constante de la muerte. El filósofo y escritor francés Jean-Paul Sartre razonó su agnosticismo pero también resaltó la heideggeriana conciencia de la muerte. Sartre mantuvo que los individuos tienen la responsabilidad ética de comprometerse en las actividades sociales y políticas de su tiempo. El supuesto conflicto sobre la existencia de un Dios omnipresente, no revestía ningún sentido de trascendencia para el individuo, pues en nada afectaba a su compromiso con la libertad personal

Entre otros filósofos modernos, como el estadounidense John Dewey, figuran los que se han interesado por el pensamiento ético desde el punto de vista del instrumentalismo. Según Dewey, el bien es aquello que ha sido elegido después de reflexionar tanto sobre el medio como sobre las probables consecuencias de llevar a cabo ese acto considerado bueno o un bien.

La discusión contemporánea sobre la ética ha continuado con los escritos de George Edward Moore, en particular por los efectos de su Principia ethica. Moore mantuvo que los principios éticos son definibles en los términos de la palabra bueno, considerando que ‘la bondad’ es indefinible. Esto es así porque la bondad es una cualidad simple, no analizable.

Los filósofos que no están de acuerdo con Moore en este sentido, y que creen que se puede analizar el bien, son llamados naturalistas. A Moore se le califica de intuicionista. Naturalistas e intuicionistas consideran los enunciados éticos como descriptivos del mundo, o sea, verdadero o falso. Los filósofos que difieren de esta posición pertenecen a una tercera escuela, no cognitiva, donde la ética no representa una forma de conocimiento y el lenguaje ético no es descriptivo. Una rama importante de la escuela no cognitiva defiende el empirismo o positivismo lógico, que cuestiona la validez de los planteamientos éticos que están comparados con enunciados de hecho o de lógica. Algunos empiristas lógicos afirman que los enunciados éticos sólo tienen significado emoci
Etica de la responsabilidad y voluntad de poder

(Nietzsche y Jonas. Algunas consideraciones)

Es propio de estos días el que los intelectuales hayan perdido vigencia. El neopopulismo para el cual el abandono de la idea de "cultura culta" es un avance inequívoco, y la desfundamentación que lleva a no requerir justificaciones sistemáticas, han ido quitando peso a los "letrados" dentro de la constitución social de sentido. No es que en otras épocas las grandes masas sociales atendieran a los intelectuales directamente; en general, los reverenciaban en tanto no los conocían. Pero ellos operaban por vía indirecta: la convicción de que era necesario fundamentar la ética, la política, etc., llevaba a que sus juicios fueran aquellos que servían de justificación a los discursos en muy diversos terrenos de la actividad social.

También la actual baja de la cultura de la letra frente a la de la imagen contribuye en el mismo sentido. Este fenómeno es bien conocido, y se ha comentado largamente: en los hechos, ello ha llevado a un peso sin precedentes de los periodistas en la construcción de la opinión pública, con un predominio creciente de la inmediatez y de lo efímero por sobre los temas clásicamente llamados "de fondo". La superficialidad, y la falta de memoria y continuidad se imponen por sobre consideraciones conceptuales, cualesquiera que fueran.

No son tiempos de hegemonía filosófica. Incluso, la filosofía, si la pensamos como el momento de lo general, representa un tipo de pensamiento que entra en colisión con el situacionalismo generalizado, con la idea de que toda referencia a lo global es ya imposible, y que ningún discurso va más allá de las específicas condiciones que lo engendraron.

En esta situación, no es fácil encontrar una función y un destino para un intento filosófico como el de Hans Jonas. Más, cuando se trata de una filosofía que pretende ser formadora de conciencia y orientadora de la acción de los sujetos.

Afortunadamente sabemos bien que jamás la ética real se configuró a través de los textos o en los cursos escolarizados de Ética. Sin duda que las predisposiciones a la acción se estructuran en los espacios sociales que son más inmediatos para el sujeto.

Y sin embargo, en pocos momentos se ha apelado tanto a la ética como últimamente. La referencia a la ética está de moda. No es difícil advertir por qué. Las ideologías ya están poco definidas y se ha producido déficit de orientación. Hay que intentar cubrirlo por alguna parte. Podríamos pensar que la apelación a la ética opera en el campo del síntoma. Es decir, muestra que hay problemas con la ética, que en general los comportamientos no remiten a ética alguna, y que se intenta restituir lo ético por remisión a algunos principios que se pudiera establecer desde el discurso de los medios, las empresas o la cátedra y la literatura.

En el caso de Jonas y su principio de Responsabilidad, el camino elegido hacia una ética que modere la conducta humana, pasa por lo que él llama "heurística del temor", y alude al previsible entendimiento, por parte de los hombres, de la real posibilidad de aniquilación de la especie humana, o de las características humanas, en un futuro cercano, en dependencia del mal o desmesurado uso de los avances científico-técnicos disponibles.

La humanidad estaría en condiciones, por primera vez en su historia, de arrasar el medio ambiente en forma planetaria, de modificar la naturaleza de los seres y de sí mismo a través de la genética, y de convertirse en creador de vida clonada. El ser humano estaría ad portas de su perdición, ya sea por una hecatombe nuclear, ya sea por la devastación de las demás especies y la naturaleza, ya sea por su propia transmutación.

La verdad es que los peligros que nos plantea Jonas, son aterradores. Lo peor de todo es que estas cosas ya están sucediendo, y de ahí el urgente llamado de este "viejo sabio", como lo llama Sánchez Pascual, a la mesura y la prudencia.

Quisiera, sin embargo, y ese es el objetivo de este trabajo, plantear una pregunta, que puede parecer, por lo pronto, demasiado inquisidora y producto de una excesiva y algo entusiasta lectura de Nietzsche, pero que también recoge una visión de la realidad del poder político actual y las dinámicas de dominación institucional y social que funcionan a través de nuevas ideologías o de la falta de ellas.

Siguiendo a Nietzsche, preguntaré por el tipo de voluntad de poder que mueve el proyecto ético de Jonas. Aludiendo a si esta voluntad es débil, y responde a una mecánica de resentimiento que violenta la realidad a través de la teología, la metafísica, el racionalismo, y busca fundamentos ontológicos y criterios objetivos, o si es fuerte, y acepta la vida y su devenir en ruina, sin intentar sistematizar o totalizar la realidad y sus posibilidades.

Lo cierto es que en Nietzsche, hay un sin número de nociones y pistas que hacen muy clara su posición frente a una ética de la responsabilidad como la de Jonas, y frente a un diagnóstico del futuro tan desolador como el que éste filósofo nos plantea, y la posibilidad de revertirlo.

Ya en un texto de 1873, Nietzsche, expone el destino catastrófico del hombre en el cosmos, y la arrogancia de éste por la invención del conocimiento. Conocimiento que al fin y al cabo sólo servirá para que tenga conciencia de su destrucción, al apagarse el sol que le da vida.

La vida del ser humano es trágica, pues carece de sentido y se dirige hacia la muerte. Somos seres para la muerte, como diría Heidegger. A esta tragedia de una muerte segura, hay que agregar el develamiento nietzscheano de que no existen valores sino valoraciones, y de que el sujeto es más una ficción lógica y regulativa, que algo con realidad propia.

Podemos decir que bajo estas premisas, la existencia se vuelve abismal, o por lo menos, temible. Ante esta constatación destinal irrevocable, las buenas intenciones de Jonas pecan de inocencia intelectual.

Pero no me detendré en la tentación de Jonas de formular una ética social y política bajo fundamentos metafísicos específicos que escucharán sólo aquellos que compartan su creencia. Las buenas intenciones nunca están de más.

La verdad es que no es fundamental que haya hombres sobre la tierra. Ya nos lo dijo Nietzsche, y la astrofísica moderna: Ya hay una fecha para el enfriamiento del sol y el olvido del ser humano. Aunque siempre puede ser antes. Y si esto no sucediera así, bueno, habremos sobrevivido demasiado.

Podemos recordar también el carácter interpretativo de todo acontecer. Para Nietzsche, no existe el acontecimiento en sí. Por lo tanto no existe la devastación planetaria del medio ambiente como acontecimiento unificado y dirigido. Lo que sucede es un grupo de fenómenos seleccionados y resumidos por un ser que interpreta. No digo que la interpretación de Jonas sea errada. Existen muchos indicios científicos que apuntan hacia ella. Sin embargo, me parece que el fin de nuestro planeta será inesperado y desprovisto de todo anuncio mediático, visto el riesgo de caos y la cancelación masiva de suscripciones y seguros que ello acarrearía.

Creo que existen suficientes datos para afirmar que El principio de Responsabilidad de Jonas y su pesimista concepción del hombre y su futuro se encuentra en total oposición frente al pensamiento vitalista y trágico de Nietzsche.

Podríamos incluso arriesgarnos de ante mano, y concluir de inmediato que la filosofía de Jonas es movida por una voluntad del resentimiento y que la debilidad es lo que mueve su voluntad de poder, pero mejor veamos primero en qué consiste y cuál es la dinámica y adónde nos ha llevado la voluntad débil y su contraparte, no sea que caigamos presa de algún prejuicio.

Al parecer no existe un estado natural y constante en los entes. Hoy la física ha mostrado que el movimiento es lo único constante, desde los kuarks al universo en expansión. El tiempo y el espacio serían dos dimensiones de lo mismo, como lo son entre sí la masa y la energía. Y el universo parecería infinito siendo que es finito. Si sacamos consecuencias de estos descubrimientos de la ciencia, nos quedaría claro que no hay ninguna situación inicial de inercia a la cual remitirse, un punto arquimédico de quietud en el cual establecerse. El movimiento, el desequilibrio, la fluctuación, serían, sin duda, los mecanismos básicos de comportamiento de lo material, y no podemos suponerlos como deformaciones de alguna sustancia previa que hubiera estado en el autosustento de la pasividad.

De tal modo la paz y la prudencia no serían una especie de condición natural a la que tendemos, y de la cual nos hubiéramos apartado. Más bien, se trata de una permanente construcción sin garantías, de una tarea que se nos da en relación con el mito de Sísifo: subir permanentemente la montaña, y cuando se ha llegado a la cima tener que bajar para subir de nuevo, una y otra vez, y siempre haciéndolo y arriesgándose en cada ocasión a una nueva apuesta. Se impone una ética de la carencia: contra las idealizaciones que llevarían a imaginar un perfecto campo social sin conflictos, entender que los sujetos lo son de deseo, y por ello que el mundo es el enfrentamiento de deseos mutuamente no conciliados. Es decir, la vida humana es lucha por el reconocimiento, que Hegel entendía que era lucha a muerte. Tomemos la expresión hegeliana en un sentido no literal: se trata de lucha con todos los recursos a que se pueda tener acceso, y que se entiende servirán a los propios fines, siempre que esos recursos sean entendidos como legítimos por el que apela a ellos.

Fue Freud quien señaló con claridad que la configuración de la subjetividad no es proclive a la armonía interpersonal. Las tendencias agresivas, el odio narcisista a quien realiza el deseo cuya plasmación quisiera para mí, los impulsos libidinales, todo ello debe ser reprimido para poder vivir en sociedad. La función de la cultura es ofrecer seguridad a cambio de pérdida de placer.

Si se abandonara a los hombres a sus tendencias impulsivas, tendríamos la horda inicial, la lucha de todos contra todos, la imposición de la violencia para gozar del otro sexualmente, o eliminarlo si es un competidor. No hemos partido, entonces, de tendencias pacíficas que hubieran sido deformadas, sino por el contrario, la cultura ha ido progresivamente imponiéndose para construir trabajosamente el campo de las prohibiciones y las normas compartidas, a partir de las cuales ofrecer bases de seguridad para la vida en común.

Dado que la cultura se cobra precios tan fuertes por mantener la posibilidad de la convivencia social, el resultado será una alta carga de energía síquica ligada al resentimiento y el endurecimiento de la autoexigencia y la exigencia a los otros. Esta es la conciencia culpable de la cual habla Nietzsche, y que se experimenta cuando el hombre, acostumbrado al pillaje, a la guerra, al vagabundeo y a la violencia de los instintos se ve de pronto sometido a las condiciones de la civilización y la paz. Cuanto menos realización del deseo, dice Freud, más sentimiento de culpa. Y más culpabilización hacia los demás.

Según Nietzsche, este hombre primitivo, medio-animal, no habituado a la ley estatal de una raza conquistadora y su yugo, sino más bien a la hostilidad, la crueldad, a la alegría de perseguir, de destruir y matar, desarrolla la conciencia culpable. El instinto de libertad retrotraído a un estado de latencia, reprimido y encarcelado por una "raza de señores" (entiéndase "clase detentadora del poder"), se ve obligado a descargarse sobre sí mismo.

Nos dice Nietzsche, que esa crueldad reprimida e internalizada del animal-hombre, aprisionada y domada, hizo surgir la conciencia de culpa para herirse a sí misma cuando vió bloqueada la descarga natural de este deseo de herir. Por otra parte, este hombre de la conciencia culpable se aferró a la religión para llevar su autotortura al máximo: la culpa ente dios.

Se podría matizar esta afirmación, pero difícilmente rechazarla; debemos sostener, por tanto, que la irreductibilidad del conflicto entre impulsos y cultura, conlleva una noción nada roussoniana de lo que es la subjetividad, de cómo se da la cultura, y de cuáles posibilidades hay de sostener a ésta en un campo planamente conciliado.

En el caso contrario, los nobles, o los detentadores del poder, no conocen el sentimiento de culpa, ni la conmiseración. Para ellos, el ejercicio del poder responde a la constitución interna de su clase y de su fuerza, y no busca ni esta emparentado con ideologías ni conceptos externos. Su voluntad de poder es la fuerte, y es aquella que descarta la posibilidad de imponerse a la realidad a través de sistemas y totalizaciones. Generalmente están alejados de toda fundamentación teórica, pues no la necesitan, y siguen viviendo del pillaje hoy, tanto como ayer.

La revolución de los esclavos en moral no tuvo algún éxito efectivo. La verdad es que el poder siguió estando en manos de los "nobles". Es más, la preferencia por la racionalidad y la veracidad desarrollada de los nuevos "hombres de poder", les dio nuevas herramientas de dominio, que desarrollaron aún más, libres de todo prejuicio. Los "nobles" no necesitan ser inteligentes y racionales, tienen asistentes y consejeros.

Estos hombres de voluntad fuerte, libres de la conciencia culpable y capaces de adaptarse a un mundo siempre cambiante, ya que no abrazan ninguna ideología, se retrotrayeron hacia esferas de influencia solapadas, en donde el poder se convierte de pronto en omnipotencia y en misterio.

Como siempre ha sido, el poder requiere más poder. La vida desea sobrepasarse, incluso, o tal vez sobre todo, poniéndose en peligro, y el interés económico ha sido siempre el interés del poder por excelencia. Simplemente porque una enorme cantidad de dinero, deja de ser dinero y se convierte en un mecanismo que abre todas las puertas y cumple todos los deseos. Millones de dólares pueden convertir a alguien en dios.

He aquí el gran problema. El gran escollo que tiene que sobrepasar la ética de Jonas. Los nobles nunca perdieron el poder. Tampoco estuvieron completamente detrás de ningún bando ideológico, de alguna cruzada moral o religiosa. Por eso, toda vez que perdían terreno en su juego eterno de guerras en las que se deleitan, pues gozan del herir y del violentar, se retrotraían y retiraban sus capitales, siempre avisados con tiempo.

Antes de seguir quiero detenerme un momento y aclarar un punto. Cuando hablo de los de hombres de la voluntad de poder fuerte, hablo sólo y exclusivamente del hombre que detenta el poder político y económico mundial, de los "nobles" que Nietzsche nombra en su "Genealogía de la moral", y no del hombre de voluntad de poder fuerte que podríamos asociar con Zaratustra y el Übermensch, y con una superación del hombre histórico, y que a mi parecer es el verdadero hombre de voluntad fuerte, y que se debe buscar más en ámbitos místicos que en ámbitos de política contingente. No es mi intención hacer un estudio de la voluntad de poder fuerte en esta ocasión. Sigo.

No es un secreto para nadie que Estados Unidos y su economía son el poder hegemónico en todo ámbito en este momento. Su poder militar es incontrarrestable y nos encontramos nuevamente, así como el mundo conocido de la época, bajo el dominio del imperio romano, obligados a rendir pleitesía y entregar nuestras economías a un mercado dominado por el dólar. Esto es así, porque hoy, al igual que ayer, "la nobleza política" que constituye una especie de "raza" multiracial se encuentra en todo el planeta sirviendo a los intereses del poder.

Es interesante observar también, y volviendo a Jonas, cual es la posición de este poder incontrarrestable e invariable, frente a la cuestión medio ambiental, que es la que más le preocupa a nuestro filósofo.

El gobierno de W. Bush, aparte de la guerra inventada a expensas del pueblo afgano y del pueblo iraquí, y de toda la devastación que producen las empresas norteamericanas en todo el mundo, protegidas por su gobierno, ha, además, abrogado normas que conferían un mayor poder al gobierno para negar contratos a empresas que violan leyes federales y medioambientales. Ha roto la promesa de campaña de invertir 100 millones de dólares al año en la conservación forestal. Se ha negado ha ratificar el Protocolo de Kioto de 1997, firmado por 178 países para frenar el calentamiento global. Ha rechazado un acuerdo internacional para reforzar el tratado de 1972 que prohibe la guerra bactereológica. Ha reducido en 500.000 millones de dólares el presupuesto de la Agencia para la protección del Medio ambiente. Ha incumplido su promesa de campaña de regular las emisiones de dióxido de carbono, factor determinante del calentamiento global. Ha impulsado el desarrollo de armas nucleares menores, diseñadas para atacar objetivos subterráneos, lo que supone una violación del tratado contra pruebas nucleares y ha propuesto la venta de áreas protegidas en Alaska que cuentan con reservas de petróleo y gas, entre otras cosas.

Es con estos hombres que Jonas tiene que tratar. Son estos hombres los que deben ser "responsables" con el medio ambiente, y al parecer, y como era de esperar, el interés que despierta en el poder político imperante, y que es manejado por el hombre de voluntad fuerte, libre de culpa y de conmiseración, el destino de animales, vegetales y los millones de seres humanos que nunca fueron como él, es nulo. De la misma forma, también es de esperar que este hombre sea capaz de morir o de destruir todo a su paso antes de perder tal poder. Al estilo de Hussein, al abandonar Kuwait.

Estados Unidos y la "nobleza poderosa" están nuevamente embarcados en un juego de poder incompasivo, esta vez, en un juego en el que por primera vez podrían perder su hegemonía. La guerra contra Irak, como ya comienza a inferirse, es la primera parte de la guerra contra Europa y el Euro. La historia se repite. El imperio deviene en ruinas y el hombre poderoso de la voluntad de poder fuerte saldrá ileso.

Volvamos al temor de Jonas. La "heurística del temor" aparece como un método acorde con estos tiempos "llenos de peligros terminales" y con la gran destrucción de vida natural y humana que el hombre ha llevado a cabo desde que posee el poder sobre la técnica o viceversa, y sobre todo después de una guerra mundial en donde el cuasi exterminio de un pueblo entero fue permitido.

Digamos que tener miedo es plausible, dada la naturaleza humana que hemos retratado someramente. Los humanos tenemos la desgracia de que, una vez maltratados, maltratamos. Nada es menos sorprendente que el hecho de que los niños que han padecido abusos acaben un día abusando de sus propios hijos. Después de que los estadounidenses bombardearan repetidamente a los pacíficos y neutrales camboyanos, masacrando a cientos de miles durante la guerra de Vietnam, los camboyanos acabaron volviéndose los unos contra los otros, masacrándose esta vez por su cuenta. Después de que la Unión Soviética perdiera veinte millones de personas durante la segunda guerra mundial, decidió prevenirse contra cualquier intento de injerencia externa invadiendo y dominando casi todos los países con los que lindaba.

Una vez martirizada, la gen

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SER MEJORES CADA DIA

Diferenciarnos de los demás positivamente, por ser mejores seres humanos, es un objetivo primordial en nuestras vidas que sólo se consigue con nuestro esfuerzo personal
No existen en el mundo 2 personas iguales. Tal vez físicamente pueden encontrarse 2 personas idénticas pero jamás existirán 2 seres humanos que piensen, actúen y se expresen de la misma forma. En un mundo tan competitivo como el que apreciamos en la actualidad, es de suma importancia diferenciarnos de las demás personas y sobresalir por nuestra "calidad".

Esta "calidad" puede verse traducida en la forma como tratamos a las otras personas, en cómo actuamos ante las diferentes situaciones que se presentan en nuestro camino, en las ideas que expresamos diariamente y en la manera como realizamos las diferentes funciones o tareas que se nos han encomendado.

Dependiendo de cómo y con qué calidad realicemos estos actos, seremos reconocidos positiva o negativamente.

Es innegable que cada uno de nosotros debe luchar por algo. Debemos luchar por sacar adelante nuestra familia, la empresa donde trabajamos, etc., pero en algunas ocasiones olvidamos nosotros mismos salir adelante. La mejor forma de hacerlo es convertirnos en personas con alta inventiva, atentos a los cambios que se aproximan, velando por la buena relación con las demás personas y siendo muy emprendedores.

Todo lo anterior se verá reflejado en beneficios tanto para nosotros como para las personas que nos rodean y el entorno en el cual nos encontremos. Es importante por lo tanto determinar en qué campos o actividades nos desarrollamos mejor o en donde nos sentimos más a gusto, y propender por mejorar cada día más en dichas situaciones.

El mercado laboral está buscando individuos emprendedores, innovadores, etc., que quieran desarrollar toda su creatividad al interior de las empresas. Aquellas personas que no posean dichas cualidades difícilmente sobrevivirán en el competido mundo laboral, ya que no se esfuerzan por diferenciarse de las demás, no tienen o no saben si tienen fortalezas y no hacen lo correcto por mejorar su imagen en todo sentido.

Dentro de todo este marco de "mejoramiento continuo" de nosotros mismos, es importante también tener un registro de todas las actividades que se han realizado y las que se van a realizar. Manejar bien el tiempo, conociendo qué se va a hacer, significa ahorrar esfuerzos lo que nos ayudará a ser más organizados y a estar pendientes de cualquier oportunidad que se nos presente, ya que sabremos hacia donde dirigirnos.

Cada ser humano es único e inigualable. Dependiendo de las actitudes y aptitudes que se tengan, unos serán mejores que otros

Definitivamente, todo parte de nuestro esfuerzo personal. Si no nos trazamos unas metas y luchamos por conseguirlas, muy difícilmente estaremos orientados y, por el contrario, nos sentiremos como si fuéramos por esta vida sin rumbo fijo. Es indispensable que mejoremos en algo día a día y no nos estanquemos haciendo, pensando y expresándonos siempre de la misma manera.

Sin lugar a dudas, si tratamos de mejorar o innovar cualquier aspecto o actividad de nuestra vida, estaremos dando siempre un paso hacia adelante y casi sin darnos cuenta, acumularemos bastante experiencia y conocimiento que nos ayudará a enfrentar la vida con mayor optimismo y preparación, y muy seguramente seremos personas exitosas y felices por todo lo conseguido.

En una organización es importante que velemos por hacer algo innovador o creativo que nos diferencie de los demás. Aportar ideas o generar nuevos estilos de hacer mejor las cosas, acumulará puntos a favor nuestro y seremos identificados en el sitio de trabajo como personas indispensables para el buen desarrollo de la empresa y la satisfacción que sintamos, será el mejor premio a todo nuestro esfuerzo.

Por tal razón preguntémonos: se nos conoce actualmente por hacer algo bueno?, estamos trabajando en algo para que el próximo año sea mejor?, las labores que estamos realizando son un reto para nosotros mismos y son de nuestro total agrado?, qué conocimientos hemos adquirido en los últimos meses? o en qué estamos trabajando para que seamos reconocidos positivamente por los demás?.

En nuestro sitio de trabajo: hemos tratado de cultivar más y mejores relaciones laborales?, qué experiencia hemos adquirido allí últimamente?, nuestro manejo del tiempo y actividades a mejorado? o hemos tratado de cometer menos errores?.

Cada uno de los anteriores puntos debe ser respondido con total honestidad, porque nos ayudarán a definir si vamos o no por el camino correcto.

Ser mejores cada día no es una tarea sencilla. Lo importante es concientizarnos que la solución a todos nuestros problemas y la salida hacia una nueva vida está en nuestras manos. Por tal razón, luchemos por ser reconocidos como trabajadores y seres humanos honestos, correctos, con buena conducta y muy creativos. Sólo así conseguiremos el éxito que, sin duda, llegará a su debido tiempo.



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